Una mirada a los contratos de construcción

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Si está involucrado en un proyecto de construcción, posiblemente tenga en mente que debe obtener ciertos permisos, coordinar la entrega de materiales y luchar con el clima, pero es probable que no haya tenido en cuenta el papeleo. Todos los contratos de construcción implican relaciones contractuales, o varias relaciones contractuales, según las exigencias y la complejidad del proyecto. En la industria de la construcción, se utilizan varios tipos de contratos:

Contrato por importe global: En un contrato por importe global, el contratista se compromete a realizar el trabajo pautado por un precio fijo. En un contrato de este tipo, el contratista licita por la totalidad del proyecto, en lugar de dividir la licitación en trabajos individuales. Esta modalidad requiere que las partes planifiquen el trabajo con antelación para visualizar el proyecto en su totalidad, y puede suponer riesgos significativos para el contratista (y beneficiosos para quien contrata los servicios), ya que debe completar el trabajo por una suma fija. Un contrato por importe global posiblemente sea el contrato de construcción más habitual y, por lo general, se utiliza en proyectos relativamente pequeños y definidos. Este tipo de contrato es común en los proyectos de construcción residencial.

Contrato por precio unitario: En un contrato por precio unitario, las partes deben calcular la cantidad de ítems del proyecto y el precio de cada ítem o unidad. La unidad en cuestión puede ser pie cuadrado o metro cuadrado (por ejemplo, para pintura o colocación de azulejos), o bien el precio por hora de los obreros, pero la unidad se puede medir, y el trabajo se basa en esa medición. Estos contratos sirven si las partes saben los trabajos que se deben hacer, pero no están seguros de cuántas unidades requerirá el proyecto. Un contrato por precio unitario es útil cuando un proyecto es fácil de cuantificar, como, por ejemplo, cuando un propietario quiere colocar una longitud determinada de cerco.

Contrato de costos más margen de utilidad: Mediante un contrato de este tipo, el comprador le paga al contratista los gastos directos del proyecto, los gastos generales (incluidos costos de comunicación, alquileres y copias de planos y documentos) más una suma que constituye la ganancia (que suele guardar relación con el costo del proyecto). Normalmente, estos contratos establecen un límite respecto de cuánto puede ganar el contratista, de modo que este no se vea incentivado a gastar de más. Sin embargo, en un contrato de costos más margen de utilidad, se reconoce que es posible que un contratista necesite gastar más dinero del previsto para completar el proyecto, y ayuda a proteger al contratista de las sorpresas desagradables. Los contratos de costos más margen de utilidad se utilizan en proyectos con un presupuesto limitado, o cuando, al principio del proyecto, no se cuenta con toda la información. Estos contratos suelen utilizarse para obras estatales.

Contrato con incentivos: En un contrato con incentivos se fija una meta –como un presupuesto o una fecha de finalización– que el contratista debe cumplir. Es decir, el contratista tiene un incentivo para lograr ciertas metas o cierta fecha de entrega. Normalmente, los contratos con incentivos pueden ser de dos maneras: contratos por una suma fija, cuando los costos son estables y fáciles de anticipar, y contratos de reintegro de costos, cuando los honorarios iniciales del contrato se modifican en función de la diferencia entre los costos preestablecidos y los autorizados. Un contrato con incentivos es útil si se desea incentivar la creatividad en un proyecto.

En definitiva, el tipo de contrato que usted firme dependerá de las prácticas de la industria y de los requisitos del proyecto. Sin embargo, conocer de qué se tratan, para qué se utilizan y las diversas ventajas de cada uno, puede resultarle útil a la hora de decidir qué relación contractual quiere establecer.